Escribí este texto en 2011. Hoy lo recupero con algunas correcciones, pero conservo la emoción y la mirada de quien era entonces.
Café Tacvba suena de fondo mientras escribo. ¿Cómo negar que me encantan sus canciones? “El baile y el salón” es una de mis favoritas. A diferencia de la mayoría de mis amigos —no de todos—, yo me inclino más por este tipo de música que por lo extranjero. No es que no me gusten Red Hot Chili Peppers o U2, pero prefiero lo latino.
Mientras escucho a los Tacubos, escribo estas líneas. Tal vez a muchos no les importen y quizá nunca las lean. La verdad es que, si escribo, es por la influencia de alguien a quien le gustan los tulipanes y los claveles.
De cierta forma, escribir me ha ayudado a liberar ciertas energías, tanto positivas como negativas. Lo admito: creo que no soy muy bueno haciéndolo, pero aquí estoy.
Pienso en por qué suceden las cosas; en por qué, algunas veces, la fórmula CORAZÓN = AMOR = PÉRDIDA DE TIEMPO parece verdadera. Aunque me niego a adoptarla y creer en ella por completo.
Uno puede construir castillos en el cielo. Puede idealizar las cosas, las personas y los momentos. Pero ¿qué pasa cuando solo es eso: un ideal, un sueño que no se cumplirá?
Muchas veces es bueno aferrarnos a algo o a alguien; confiar en que podemos alcanzar nuestro objetivo. Pero, en mi caso, y a diferencia de lo que otros piensan, la timidez me domina. Muchas veces no sé expresar lo que siento y suelo regar el tepache.
Las relaciones siempre implican algún conflicto: con la familia, los amigos o la pareja. El amor puede ser algo puro que se entrega por completo, pero también necesita una respuesta —positiva o negativa— que nos permita saber hacia dónde continuar. Porque, si no se cultiva día con día, termina por desaparecer.
La línea narrativa de esta historia comenzó por el final. Cuando retomamos el hilo, poco a poco pensé que podríamos llegar a un comienzo lleno de color: un mundo maravilloso donde no importaría que Calderón siguiera diciendo disparates en público o que el PRI regresara a la Presidencia en 2012; donde no habría hambre ni muertes. Solo tú y yo, juntos en el país de las maravillas.
Éramos dos desconocidos que se conocían muy bien.
Pero la realidad es otra. Por el momento, tu tiempo y mi tiempo no coinciden. Sí, efectivamente: soy un “requisitoso” de lo peor.
Aun así, ¿qué importa ya?
Como en Big Fish, quizá llega un momento en que uno debe aceptar que el barco zarpó. Pero también es cierto que siempre he tenido algo de tonto y que todavía no estoy listo para dejarlo ir.
Así que habrá que plantar tulipanes y claveles rosas.
Después de todo, aún nada está perdido.
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