30.10.26

A veces también hay que renunciar a lo bueno

No siempre dejamos algo porque sea malo.

A veces nos vamos de un lugar que nos dio momentos felices, de un trabajo que alguna vez disfrutamos, de una relación donde todavía existe cariño o de una etapa en la que nos sentimos seguros.

Y quizá por eso cuesta tanto tomar la decisión.

Renunciar a lo que nos hace daño parece lógico. Lo difícil es aceptar que algo puede ser bueno y, aun así, ya no ser suficiente para la persona en la que nos estamos convirtiendo.

Permanecemos por gratitud, por costumbre o por miedo a equivocarnos. Nos preguntamos si no estaremos siendo injustos al desear algo diferente. Después de todo, no todo está mal. Hay estabilidad, recuerdos y razones para quedarnos.

Pero también existe una voz que insiste en recordarnos que ya no pertenecemos ahí.

Ir por algo más grande no siempre significa buscar dinero, reconocimiento o éxito. A veces, lo grandioso es recuperar la tranquilidad. Volver a sentir entusiasmo. Encontrar un lugar donde podamos crecer sin tener que reducirnos para encajar.

Marcharse no borra lo vivido ni convierte lo bueno en algo malo. Solo significa reconocer que su tiempo en nuestra vida terminó.

También se necesita valor para agradecer, cerrar la puerta y continuar.

Porque algunas oportunidades no llegan mientras seguimos aferrados a aquello que ya cumplió su propósito.

No siempre hay que esperar a que algo se vuelva insoportable para tener permiso de dejarlo.

—MD3P

No hay comentarios:

Publicar un comentario

A veces también hay que renunciar a lo bueno

No siempre dejamos algo porque sea malo. A veces nos vamos de un lugar que nos dio momentos felices, de un trabajo que alguna vez disfrutamo...